lunes, 25 de enero de 2010

La mujer invisible

Dos mujeres fusionadas en una, una calle que nunca terminaba de alargarse, con unos números interminables de orden aleatorio de 7 de 1 y de 8,desordenado caos que quiere ponerse en orden, colores violeta y rosa, que quieren crear un color nuevo, que sea diferente al resto, como podría caminar sin que nadie la viese y sin que nadie la conociese, con el bolso jugaba al escondite ella sola, con el móvil hablaba en silencio sin que nadie la escuchase, la puerta donde se encontraba las pelucas abría cuando estaba cerrado, y cerraba cuando estaba abierto.

Alguien le dibujo la cara y luego pasaría a la realidad, quien ha estirado hasta el infinito los números, quien ha jugado a ser invisible

Un ciego podría presenciar, que era claramente un espacio vacío, contrastando con un largo viaje subterráneo de la multitud

Era claramente una ilusión una ficción, era la nada que no podías sentir presenciarla en cuerpo y alma

Dentro de una chaqueta blanca se encontraba el nombre de la mujer invisible, se llamaba Cleopatra pero nadie lo sabía era un secreto

Las pelucas se encontraron en los interiores del templo de Debod, era un misterio como habrían llegado a ese escaparate, de la calle misteriosa e interminable con número desconocido, sólo existía una hipótesis, que seguiría siendo una leyenda, en el interior de las pelucas había oro, pero el ponerse a investigarlo sería un paso largo que no tendría fin

En una mudanza de esos pisos de grandes avenidas, se la vio salir al exterior de la calle, reflejada en un espejo se le veía el incierto color del pelo rubio, los objetos de la mudanza, no se distinguía antigüedad con modernismo

Una realidad de platos virtuales te hacen crear un submundo artificial de la multitud, la lejanía de las distancias cortas no distinguían en la noche a la mujer invisible, la puerta de su casa ocultaban secretos y misterios ancestrales, su estilo de título nobiliario con aires aburguesados la convertían en un personaje histórico

Su voz se veía y se percibía, como en una opera, vista con monóculos, en tiempos ancestrales fue una princesa, que soñaba con su príncipe

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