Nicole derramaba con su escote la crema de la intelectualidad en la calle Velázquez, era la mejor amante pero de cuerpo era toda vanidad
Sansoir una mulatita de origen francés de profesión azafata, era la noche que no le tocaba repartir premios en un programa de telé cinco emitido a las siete de la tarde
Todo el mundo imitaba a Lara Dibildos en la discoteca Vanidad de la calle Velázquez
Pero eso en realidad era una gran sombra negra de magia y espejismo, donde detrás había un fondo dorado de dinero y ostentación
La vanidad venía directamente de Paris en noches de luna llena, transformando la sexualidad de Denisse.
Pasando de cobrar francos, a cobrar euros.
Viéndola la gente en club de ejecutivos del barrio de salamanca que vivían en Velazquez con María de Molina
A cara o cruz era un juego, que era algo más que lanzar una moneda, a la hora de elegir un agujero con luces lleno de deseo, no fiar y cobrar un alto precio cada brazo que se da o se regala
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